Trueno en la pluma



Los ojos arden
miles de vidas
en un llanto.
Las promesas
dejan de frotarse
y el calor de antes
forma cubitos de hielo.


Los designios no se cumplen
y los pensamientos ya no piensan,
por eso saltan palabras
de cuerpos en fuego.


Los ojos arden
miles de vidas
en un cadáver muerto
de llantos
acolchonados en pétalos,
que muerdo con mis dientes
dentro de tu boca.










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Aunque no estés


Cuando el silencio
escapa de nuestras manos
y consume
los años carcomidos
de pasados volátiles,
ocurre un instante fugaz
y eterno,
como ese último segundo,
en el que el ciclo de girasoles
levanta el rostro
para desplomarse,
repleto de brisas
de vuelos y risas
por última vez.

Las semillas se esparcen
en sábanas difuntas,
moribundas de tanto sufrir.
Yo te veo aunque no este allí
rozando tus mejillas
de pétalos amarillos.

Siento los tallos verdes
de tus manos cansadas,
y al cerrar los ojos,
me recuesto en tu mirada,
en tu pecho
que se va en paz,
posado en mariposas
hacia una caja de cristal.

Mis lágrimas serán siempre dulces
para sentirte bajo lluvias de rocío
al despertar,
cubierta de florecillas
y ángeles color violeta
que sobre el cielo me han de
acompañar,
aunque no estés.






/ En memoria de mi profesora y compatriota, María Antonia Pérez, quien día a día llegaba a mí de una manera u otra; que en paz descanses.
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Jardín Encantado


Las nubes blancas
formaban coágulos de cielo,
y las hojas dulces
revoloteaban su canto
sobre los vestidos
de tantas flores
dormidas en el suelo.

El árbol tenía venas pordoquier,
y con su piel acariciaba las raíces
de mi alma, en tierra fértil.

En los brazos del columpio,
bailaban acarameladas
las sonrisas nunca olvidadas,
que se colgaban de ganas
para verte llegar,
en un barquito de papel
enrollado en el horizonte
del amanecer.

Hay
bajo los respiros,
miradas de sombras traviesas,
que gozan con las luces, hermanas,
a hablarme más de ti.
Las voces siguen burbujeando aromas
en el aire de tantos colores,
amándose
conjugando la vida,
enjendrando al amor.

Pero yo te llevo aquí
donde no hay dolor,
donde sólo llueven
las gotas de tu aliento
enamorado,
prendido de mis ojos,
borrando despedidas,
liberando corazones
para jamás dejar
nuestro jardín
encantado.










1

Se transformó en latido


La cal me sigue sonando a blanco.
La boca se vuelve adicta al picante.
Los pensamientos en la casa
de objetos inanimados
reviven sus voces, en llanto.

El aroma penetra
en el argamasa de las paredes,
que nos nombran.
El interruptor siente
los pasos de huellas flotantes
mientras que la soledad,
desierta de gestos,
sostiene la mejor pluma.

El lunar corrió desde el codo
hasta la mitad centralizada
de la piel del hueso
y se sentó,
a esperar que le rozara
el aliento bajo el rastro de tu beso,
que sopla el círculo infinito de mi ombligo.


Y yo sonrío ,
porque lo cotidiano


se transformó en latido.









1

Lo que ocurre en un abrazo


Lo que ocurre en un abrazo
alcanza cualquier distancia.

Tus besos muerden
mi oreja con fuerza
y tu olor pinta mi nariz
con destreza.

Lo que ocurre en un abrazo
alcanza cualquier distancia,

en tus brazos que anestecian los míos,
en una voz muda por lágrimas.









1

Entre el tacón de la bota y la cuchilla


El cielo es la pista de patinaje
que saboreo con la mirada pícara.
Es ese campo de riesgos
que me arrastra y desliza
irremediablemente,
hacia el centro inequívoco de tu amor.

Cerrar los ojos sería un error
para mi naturaleza débil
que juega con la tuya, feroz,
a darle besos de maniobras
a mi espalda bajo tu voz.

Mis pies tiemblan
sobre el agua del cielo,
que discurre con su azulejo
a tu mar, abierto de abrazos.

El cielo es la pista de patinaje
donde el suelo no es regular,
me tomas si caigo al volar
porque sabes que,
aunque no me alcancen las ruedas,
no nos podemos perder,
no queremos escapar
de piruetas que juegan,
con la gravedad.







2

Que no se llame egoísmo


Olvidé el agua salada
pegada a mi cara
cuando me rescataste
con tus manos pintadas.
Le diste vuelta al
universo de mi ombligo,
y las curvas de la flor
marcaron mi origen
entre tus dedos.
Susurraste que eso
te pertenecía,
y la vida volvió a los ojos que hoy,
guardan el agujero negro
de mis pupilas,
con el pigmento inmortal
de tu pertenencia,
ésta, que entre manjares de otros
cuerpos y vaivenes rojos,
nunca borró su procedencia.








foto, cortesía de moi ^^




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