Que no se llame egoísmo


Olvidé el agua salada
pegada a mi cara
cuando me rescataste
con tus manos pintadas.
Le diste vuelta al
universo de mi ombligo,
y las curvas de la flor
marcaron mi origen
entre tus dedos.
Susurraste que eso
te pertenecía,
y la vida volvió a los ojos que hoy,
guardan el agujero negro
de mis pupilas,
con el pigmento inmortal
de tu pertenencia,
ésta, que entre manjares de otros
cuerpos y vaivenes rojos,
nunca borró su procedencia.








foto, cortesía de moi ^^




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