Se transformó en latido


La cal me sigue sonando a blanco.
La boca se vuelve adicta al picante.
Los pensamientos en la casa
de objetos inanimados
reviven sus voces, en llanto.

El aroma penetra
en el argamasa de las paredes,
que nos nombran.
El interruptor siente
los pasos de huellas flotantes
mientras que la soledad,
desierta de gestos,
sostiene la mejor pluma.

El lunar corrió desde el codo
hasta la mitad centralizada
de la piel del hueso
y se sentó,
a esperar que le rozara
el aliento bajo el rastro de tu beso,
que sopla el círculo infinito de mi ombligo.


Y yo sonrío ,
porque lo cotidiano


se transformó en latido.









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