Érase un final


Los párpados cansados del árbol
gotean desde el aire sus suspiros
al caer, dentro de charcos
mudos de palabras de oro.
Al pisarlos, salpican
mil heridas reflejadas en mi rostro,
que se riegan en mis medias,
que se esparcen y se pegan
sin tener a dónde ir.

Y yo las guardo,
porque son los recuerdos
que tejen las venas de mis manos
sudadas y arrugadas,
de errores y felicidad,
retratadas en los ojos verdes
que hoy,
son tus párpados cansados
y convertidos de tanto mirarme,
sobre ramas de esperanza
que aún me dicen:
"te amo"




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