A la intemperie



Hay un mundo incinerado 
de recuerdos constantes, 
sobre flores y ladrillos al anochecer 
que arden 
bajo mi piel y dentro de mis ojos. 
Y vuelvo a tener cinco años, 
con una nariz de botón 
y choronguitos curiosos, 
para adentrarme en el 
calor que me trae esta noche, 
con respuestas polvorientas, arcillosas 
al tacto de mis pies. 
Con despedidas y sin lunas 
hacia la playa de mi cuna  
camino sin tacones; sólo con alas, 
para rozar las olas con mis manos 
y arrullarme el aire aquel,  
que tengo en el nombre, teñido en la ropa 
y en cada suspiro de libertad.








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