Lunares perdidos



Lunares perdidos en una galleta de chocolate.
¿Única forma de recuperarlos?
Comiéndote.
Así que, como si fuese un plan siniestro,
espero al punto clave en la mañana,
cuando la casa, sola, se embriaga
de los buchitos de luz por la puerta.
Para atacarte

Me dibujo inocente sobre un sillón,
meciéndome en una medialuna,
que balancea todas mis locuras para que,
por unas horas, te sientas libre de mí.
Pero sabes que no eres libre ni de mi cintura. 

Entonces, te abrazo.
Y te meto en la bolsa 
perfumada de flores (mis brazos)
hasta asfixiarte.
De frente, las rejillas de mis dedos
acaparan tu corazón sin caparazón,
 y me miro en el espejo viscoso de tu pecho. 
 Cabalgo en cada uno de tus latidos
y nuestras bocas terminan por multiplicar 
los besos derrotados y cansados 
de tanto besar. 

Empapo aquél mapa que me regalaste
 para ver si de casualidad,
 las arrugas del papel 
descifran tu silueta cuando te vayas,
no importa lo lejos que estés. 

Estar sin ti, se siente como una mecedora vacía,
batiéndose  en su cuarto silencioso
con el último relato de tu cuerpo, moviendo  
mis sensaciones hacia ti,
como la marea a las rocas.
Ahogándote de suspir(gemidos)os. 

Que la botella de vino
sea un telescopio cristalino
hacia las estrellas enloquecidas de amor;
Ésas que se tambalean y caen dementes
en tu piel.

Lunares perdidos en un cielo vainilla.
Ahora comerte, no será suficiente. 

Habrá que devor-arte






.E l a i n e. 
2

Hay un portal de historias traficadas en papel



Hay un abanico de luz imaginado en la pared.
Las historias entran por la puerta y dicen: “Buenas tardes”.
Se sientan tímidas mientras se miran con disimulo
unas a otras.

Algunas duermen y otras se distraen
buscando no sé qué
en sus bultos mundanos.
Otras absorben cuentos falsos del televisor
bajo un techo artificial, para variar.
¿será el único que tienen?
Y yo que, empiezo a tener una analogía de personas
me miro en sus ojos mientras “duermen” taciturnos,
deseosos de desteñir las paredes lánguidas
(y hablar)
pero impotentes al fin.

Hay historias que se acurrucan en cero
esperando por tatuar sus letras. 
Muchas sólo viven hipnotizadas por las otras.
Y ni pensar en las que corren con la boca llena de viento,
encapsulando sonrisas aprendidas.
Hay otras que piensan que estar solas
es como vivir en un ( ).

Hay un portal de historias traficadas en papel,
y yo me rehúso a leerlas
por miedo a olvidar la mía.

Que este bolígrafo sea testigo
de las miradas asustadas,
que se plasman en estas letras
inyectadas por la tinta
infinita de mis pensamientos. 




-Al fin, salí de la consulta. 





E  l a i n e  

0

Estas son las horas salvajes.

Estas son las horas salvajes
donde el silencio despierta y decide 
colorear mis besos de confeti sobre tu espalda. 

Estos son los instantes breves y específicos
en donde mi mirada no es pura coincidencia. 
Donde el instinto lo tiene todo predispuesto. 

La textura y el aroma dulce 
de las nubes destiladas en el amanecer 
–ahora oscuras-  sean las caricias 
que te ayuden a dormir. 

Cuando sientas que se ahoga tu oxígeno
es porque yo lo consumo a cuentagotas, 
casi como una tortura que te deja inmóvil 
en mi pecho. 

Me uno a la libertad de mis piernas desnudas 
y siento que me elevo, 
como en uno de tus abrazos, 
capaces de desplegar el suelo de mis pies. 

Mejor callemos, y dejemos que las horas

nos conviertan. 



Elaine.
1

De tanta lluvia, el mundo parece una canica rodando por las alcantarillas

(como mi nombre cuando despierta con tu voz)


Digamos que la poesía es ese montoncito de palabras simples,
agitado por una boca extraordinaria.
Ahí donde yace la imaginación,
es donde el peligro
con su boca repleta de ventanas,
balbucea y se diluye en un misterio mudo
cuando intentamos gesticular
lo que escuchamos por dentro.


Hasta que empujo con fuerza
las esquinas enmohecidas de esos dientes
con sabor a madera, viejos de guardar tantas emociones.
Así vociferan mis pensamientos,
bajo un gemido gutural que lo derrumba todo;
mientras, me los vivo, tranquilamente,
mirando a mi alrededor,
sintiendo el viento feroz,
abriendo como una lata, las puertas del auto,
con sus grandes brazos de ráfagas toqueteando mi falda.


Supongo que las palabras
se pueden transformar en nácar,
así como un lápiz azul
puede simular ser un bolígrafo, y mis mejillas
ser de cristal, con ese lunar de gota
que aún sin mi piel, correría igual.


Como “todo es poesía”, soplo.
Y estas palabras de las que tanto les hablo,
van abarrotándose bajo las ruedas del auto de al frente,
hasta hacer que se eleve como un carrito de juguete,
tambaleando del susto a los muñequitos dentro.


No dejaré correr mis letras en filas
por miedo a perderlas en el dorso, al revés
o al costado de mi libretita colorá
(algo descuartizada ya)
Prefiero verlas correr libres por los aires,
maniobrando hasta meterse en mi piel,
como el vicio más dulce,
que logre reencarnar en mi sangre
algún nuevo sentir.


Como el del mar,
cuando me da a luz.


Cuando me veo nacer en esa mujer líquida
con sus cabellos caracoleando con sus olas,
y pasos, hacia mi porvenir.


Libretita descuartizada,
echarás a volar en cuanto te suelte.
Porque si me quedo contigo,
me acabaré esta botella
enfrascada de suspiros
venenosos de pena, de espera
y de palabras.


(Volví) ¿Y tú?








E l a i n e T o r n é
0

Y que todo, sea una mentira parpadeante



En cada instante se recuerda, se olvida.
 

Y en las noches, los instantes se vuelven vida.
Los susurros que colgaban 

con suspiros las esquinas de la oscuridad
me invaden en un cosquilleo desesperanzador.

Busco la manera de encerrarme en tus párpados,
de sentir el sabor de tu aliento mientras duermes;
de lanzarte un conjuro,
para que vengas al despertar,
volando en forma de pajarito,
aunque esto no sea un nido
y yo no tenga alas; 
de lo contrario,
te hubiera abrazado hace tiempo.
Tal vez, confunda tu vuelo
con la sombra en el suelo
de un ave a punto de aterrizar.
Sé que mi rostro 
se desvanece rápido 
y con cada paso que das.
Lo enmascaras en otros rostros 

para no verme más.
Partiste por la mitad mi retrato de niña frágil
durmiendo entre tus ojos, pensándote sin final. 


Perdiste, en algún rincón de tu cabeza,
las letras que te escribí en mi piel.
Me arrebataron con fuerza
las ganas de ser tu guitarra.
Y queriendo ser aunque sea, un error en tus manos,
quedé siendo tan sólo una nota desafinada,
que sale de la boca negra y redonda de su alma.


La ilusión de entrelazar nuestras manos,
se descartó.
Negar, no es lo mismo que arrepentirse,
Esconder, no es lo mismo que guardar.
Y yo me voy amándote, queriéndote; da igual.
Me desvisto a la vez que se desenhebra nuestra historia.


Vuelvo a quedar a la intemperie.


Tu verdor es el mismo que el mío;
compartimos sin compartir.
Te amaré hasta que se acaben las palabras,
aunque estés mudo y desteñido. 

Los momentos se desmenuzan
como aserrín en mis manos,
Toso, me ahogo, 
me asfixio.
Me tiembla el pecho de tanta destrucción.
Tengo la lúcida luz del día como guarida para no llorar.

Mi locura se bate y se parte en trocitos
dentro de la licuadora,
donde se arrojó –también- la mitad izquierda
de mi corazón de cristal. 


Nos quedamos a la deriva,
sin llaves para entrar
al minuto mágico donde se prende
nuestro amor furtivo.

Dejo retratada en la ventana mi figura,
Tus besos, ya fríos,
yacen moribundos y caen por el filo de la blusa
que rodea mis hombros desnudos,
como el agua cansada, a orillas de una isla. 

Tacha mi nombre de la lista de tus sueños;
mientras yo,
te sigo escribiendo en una libretita colorá
rasgada por el vaivén de los días.
Táchame,
a ver si al pasar de los años, aún se ve en la otra página,
Mi nombre tatuado en tu memoria.








4

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