La flor amarilla dejó de respirar, pero no ha muerto!


La flor amarilla del jardín dejó de respirar para entretejerse entre mis rizos y ser cómplice de mis secretos. La siento susurrando su historia de espiral en flor, mientras roza con su aroma mi verdor; me vuelvo mas silvestre aún. Pero no tengo remedio para ella. Yo no soy medicina para tanta necesidad, ni sé parar los relojes de arena que vienen y van. Sólo reconozco –husmeando en una esquina de mi ventana- los instantes mágicos, con colores eternos que uso para pintarme y ser el mimo más torpe, pero feliz, de esta galaxia.

La flor amarilla del jardín dejó de respirar frente al sol para hablarme, y corro hacia ti como girasol, para que siga suspirando en mi cabello, bailando sus pétalos de ilusión en los rítmicos intervalos de luz. Me deshago de emoción, le entrego el olor de mi cuello para que respire; mas me hace esperar.

La flor amarilla ha cortado su respiración para que pueda respirar yo. Entra sigiloso e insospechado el silencio, y me roba un pensamiento para dárselo a la flor. Riéndome de la idiosincrasia me enamoro del absurdo, me siento mitad viva y mitad flor. Nos confundimos de esencia, y entre palabras que debilitan los corazones terminamos camuflajeadas en cualquier página amarillenta, de cualquier libro de poesía. Y ojalá, en tu regazo.






7

Pie de plomo


Las respuestas aparecen por la mañana,
en el paseo diario de un gato
o atadas a la rama de un lagarto.
Se valida todo bajo mis pasos,
se riega todo lo que no se vale
en mi falda corta aguamarina.
Llego a ti más pronto
que un rayo de luz amando a una hoja,
incrustado en la pared por accidente.
No bajes mi guardia
escondiéndote en mi pecho;
juega con mis rizos
donde te pueda ver.
Te extraño la mirada
ronroneándome la piel
y tal vez tus manos escurridizas,
de papel.
Embriágate de mi locura
y bébeme, bébeme
hasta que no puedas
trazar mi espalda
sin enloquecer.
Así, sólo así,
se escurrirá la tinta
de los tratados y
hallare los frenos
que me faltan.





4

Junta con tus manos mi verdor


Sólo puedo escribirte cuando cierro los ojos
y me encuentro conmigo misma,
recostada en mi almohada y
caminando sobre un mar de líneas curvas,
que se cruzan con mis palabras.

Sólo puedo decirte lo que encuentro en mí
cuando las chispitas mágicas de mi barriga
se estremecen con tu llegada a mi corazón.
Sólo puedo saber qué te digo
cuando intento leer lo que te escribo
a oscuras y desde mi canoa,
bordeando las palabras
con mis manos,
desenrredándolas, descubriéndolas,
para abrazarlas y encontrarte por fin.

Tan sólo busco entrelazarme con tu cuerpo
y toparme con tus susurros más sigilosos.
Probar tus labios de miel me haría convertirme
en una abejita descarrilada de su colmena.
Sólo pienso que las palabras que nacen
de mi silencio fugaz,
no son mucho para ofrecerte, pero ya
tienes todo un cuarto tallado en mi alma
y una ventana que te lleva a donde prefieras.

No te vayas
y si lo haces, disfrázate de ti,
vuelve y sigue sorprendiéndome
con suspiros en mi cuello.
Sólo quiero que sepas que tienes
todo cuanto tengo, que lo que no tengo lo arrebatas
al dejarme sin aliento, sin municiones
cuando te me acercas así,
ofreciéndome beber
de la misma copa de la locura.

Me camuflajearé en una hoja verde de tu camino
y de improviso caeré en tus brazos,
sorprendiéndote con la brisa más fresca de la mañana.
Desde ahora, te doy mis sonrisas de niña
regalándote mi cintura de mujer,
para que nuestro calor se vuelva
"in" en lo finito.





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Y que pase lo que tenga que pasar

Que mi silencio no aparezca por tu boca
y se encierre en una flor de madera.
Tengo los días turbios y sin luz
tendidos bajo la piel de mi pecho,
y mis dedos siguen buscando
tesoros en arenas perdidas.

Que tus sorpresas
no se la lleve la noche en mi abrigo;
que sólo basten mis ojos
para darte esperanza, hombre cansado.

Encontrémonos siempre
y sin querer,
entre multitudes desconocidas.
Que tu miedo se estrangule
con cada minuto que te extraño.
Llevarás mi olor batiendo en tu alma
con cada recuerdo, como una blanca cortina
maniobrando en la fresca silueta del viento,
que sostiene y entrega en un globo,
todos los secretos de la ciudad en caos.

Que la luna y el sol
sigan apareciendo a la vez,
para que me reconozcas por doquier
aunque intente engañarte,
encerrándome en pinturas y fotos,
retando al olvido a callarte los labios
y a soltar mi mano










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