La flor amarilla dejó de respirar, pero no ha muerto!


La flor amarilla del jardín dejó de respirar para entretejerse entre mis rizos y ser cómplice de mis secretos. La siento susurrando su historia de espiral en flor, mientras roza con su aroma mi verdor; me vuelvo mas silvestre aún. Pero no tengo remedio para ella. Yo no soy medicina para tanta necesidad, ni sé parar los relojes de arena que vienen y van. Sólo reconozco –husmeando en una esquina de mi ventana- los instantes mágicos, con colores eternos que uso para pintarme y ser el mimo más torpe, pero feliz, de esta galaxia.

La flor amarilla del jardín dejó de respirar frente al sol para hablarme, y corro hacia ti como girasol, para que siga suspirando en mi cabello, bailando sus pétalos de ilusión en los rítmicos intervalos de luz. Me deshago de emoción, le entrego el olor de mi cuello para que respire; mas me hace esperar.

La flor amarilla ha cortado su respiración para que pueda respirar yo. Entra sigiloso e insospechado el silencio, y me roba un pensamiento para dárselo a la flor. Riéndome de la idiosincrasia me enamoro del absurdo, me siento mitad viva y mitad flor. Nos confundimos de esencia, y entre palabras que debilitan los corazones terminamos camuflajeadas en cualquier página amarillenta, de cualquier libro de poesía. Y ojalá, en tu regazo.






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