Pie de plomo


Las respuestas aparecen por la mañana,
en el paseo diario de un gato
o atadas a la rama de un lagarto.
Se valida todo bajo mis pasos,
se riega todo lo que no se vale
en mi falda corta aguamarina.
Llego a ti más pronto
que un rayo de luz amando a una hoja,
incrustado en la pared por accidente.
No bajes mi guardia
escondiéndote en mi pecho;
juega con mis rizos
donde te pueda ver.
Te extraño la mirada
ronroneándome la piel
y tal vez tus manos escurridizas,
de papel.
Embriágate de mi locura
y bébeme, bébeme
hasta que no puedas
trazar mi espalda
sin enloquecer.
Así, sólo así,
se escurrirá la tinta
de los tratados y
hallare los frenos
que me faltan.





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