Y que pase lo que tenga que pasar

Que mi silencio no aparezca por tu boca
y se encierre en una flor de madera.
Tengo los días turbios y sin luz
tendidos bajo la piel de mi pecho,
y mis dedos siguen buscando
tesoros en arenas perdidas.

Que tus sorpresas
no se la lleve la noche en mi abrigo;
que sólo basten mis ojos
para darte esperanza, hombre cansado.

Encontrémonos siempre
y sin querer,
entre multitudes desconocidas.
Que tu miedo se estrangule
con cada minuto que te extraño.
Llevarás mi olor batiendo en tu alma
con cada recuerdo, como una blanca cortina
maniobrando en la fresca silueta del viento,
que sostiene y entrega en un globo,
todos los secretos de la ciudad en caos.

Que la luna y el sol
sigan apareciendo a la vez,
para que me reconozcas por doquier
aunque intente engañarte,
encerrándome en pinturas y fotos,
retando al olvido a callarte los labios
y a soltar mi mano










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