Ahora ella sufre menos y baila más...!


Me fui. Hasta que no sienta las piernas. Hasta que se resbale el cansancio, bajo la ducha de agua fría que empieza mordiendo mi cuello. No vuelvo. 






1

A veces, olvido abrocharme los zapatos


Las miradas de los niños no asustan. 
Todos son diminutos 
pero grandes en espíritu, 
aunque mastiquen más chicle que yo, 
aunque ahora se crean grandes,  
olvidando lo esencial.  
Hay de colores chocolate, 
con risitos llenos de 
estrellitas tímidas, brillantes.
También habían de color vainilla, 
imitando a Rapunzel 
con una piel de algodón de azúcar. 
Y el sol se esconde 
tras las rayas blancas y rojas del telón, 
dejando a los murmullos 
y  vocecitas curiosas mezclarse  
con la música de un país lejano.


Peter Pan frustrado y lleno de colorete  
vuelve a nacer 
detrás de una nariz roja.  
Estoy en un salón de niños, 
sólo que en distintos tiempos.

["¡Qué alegría, así es la vida! Algo te da cuando te quita ♫♪♫♪  ¡Este atleta me ha sacado la lengüeta! ¡Hoy tus pisadas son tan tuyas! ¡Emparéjate conmigo Yo quisiera ser tu par! Y tú, ¿qué te traes entre suela y suela?"]
p.d. encontré mi calcetín perdido







0

Hoy, domingo 27 de junio de 2010



Amanecí una vez más en un recuerdo caluroso. Todo cambia en un abrir y cerrar de ojos. No sé si los colibríes duermen y dejan de batir sus incesantes alas para soñar con cualquier corriente de aire. Lo que sí sé, es que todo cambia de un pestañear a otro; pestañeo de 12 a 18 veces por minuto. Así, batiendo como ahora, cada deseo sin estrenar que guardan y aseguran mis párpados, es que de un segundo a otro siento, pienso diferente. Y tú no lo notas, hasta que la luz del sol baja tenue y se pega a mi ventana con su gran tamaño de oscuridad, y ansías quedarte conmigo, no importa cuánto tiempo pase o cuántas cosas cambien.


p.d. me encanta tomarme vacaciones! Veré a muchos nenitos chiquitos en la obra “Historia de un Zapato” si, hay que contagiarse de las risas, de las monerías y de la vida =D Voy saliendo!








0

La gente debería ir más a los parques.

Porque las hojas tocan como maracas cuando el viento pasa y se manda a correr. Porque aunque a veces el cielo llore como un nene, por momentitos, y a eso le llamemos una “nubecita”, no hay razón por la cual irse del parque. Siempre hay arco iris huérfanos bajo el sol.


Los árboles se encargan de recoger las gruesas gotas de llanto que caen por sus espaldas, y el agua fría que rueda por sus ramas se aguanta de cada hojita verde, para caer al suelo, y alimentar a cualquier florecilla que respira entre tierra húmeda y figuritas de fango. No sé cómo es que existen parques sin columpios. Y mucho menos para qué existen los lunares si no se puede trazar con los dedos, algún lugar para encontrarse, a menos que nos enamoremos, claro está.


Si soplo a una hormiga que cae sobre el lunar de mi hombro, hasta que desaparece, ¿se muere? Y ¿cómo es que los pajaritos eligen hacer sus nidos? ¿Las bolsas también sirven para recolectar sonrisas? A veces, hay que responder a todas las preguntas sin tener la razón. Una mariposa amarilla casi choca conmigo en el camino hacia los columpios inexistentes. Las nubes se disuelven en el cielo como cuando mezclo azul y blanco con mi pincel, jugando a unirlo todo.


Yo, simplemente sé, que la gente debería ir más a los parques.





1

(mi silencio enamorado)

0

¡No sabemos!



Hay un aire frío que agujera el corazón. Entra por un huequito y congela el alma, que como un vaso, para romperse, tiene que caer, a riesgo de que sea de plástico o cristal.
Y si, ni sabes quién soy. Ella, la niñita chiquita que mira con asombro una fuente inmensa frente a mí; ésa soy yo, aunque mi tamaño no lo explique.
No es necesario que vengas a mí, musa, o como te llames. Cuando te digo que no te daré nada, lo suelto todo. Y por leerme, no creas que me descubres. Por tocarme, no creas que soy tuya. Nunca se sabe...
No, nunca se sabe, ni la diferencia de una abuelita y una niña sentadas en la misma fuente, ni mi diferencia al mar, a donde pertenezco, y mucho menos se sabe la diferencia de nada con este miedo a diluirme contigo, en esto que me arrastra hasta ti. Como una letanía en una ráfaga de susurros, como un embrujo de luces que repite tu presencia una y otra vez, te pienso, te imagino.
Ay, mundo de inconsistencias. Mírame a los ojos, no me evadas. Las respuestas, mis respuestas, sólo las encuentro en el verdor de hojas más salvajes que ésta, en la que escribo (intentando retener mi mundo -para ti-). Sólo las encuentro en la naturaleza de la tierra que deja de caminar para que yo pueda llegar a ti, aunque sea imaginándome esto, haciéndome la loca.
Libérame, se llama el gesto desesperado de hablar, escribir o callar cuando la gente te mira sentada en una fuente y sin prisa, sorprendentemente sin agenda. Y esto es tan sólo una pequeña parte de un átomo, lo que ronda aquí, entre tú que me lees y yo que me escribo, sin razón, para escribirte a ti. Pero lo hago. 
Veo una piña. Oscurece. Créeme. Todo pasa y nadie sabe.
Truena y es idea mía, olvídame. No me creas. Cada cual a su ritmo y yo, cuando me detengo, me sobresalto de un sopetón.
Huméctame los labios, tú eres inacabable.
Aquel hombre delante de mí está en el filo de mi mina, y ni se da cuenta porque la que disimula aquí, soy yo. Qué habrá sido de tu pasado, de ti; habrás tenido tus letras. Quién sabe. 
No desesperes. Te quiero. Y él, no sabe lo que escribo.





2


Con mis ojos cerrados veo lo que tú ves.
Sonrío antes de tiempo al escucharte
y te abrazo sin que te des cuenta.
Desgarro cada página de tinta en la que estamos.
Escribo sobre tu pecho, cada palabra con mis labios
imaginando que eres el destino escondido
en cada marca de las palmas de mi manos.


Te siento ardiendo dentro de mí
cuando el sol se prende y el resto
queda tenue e insignificante bajo la tarde.
Como si vivir cada momento fuese más importante
que vivir la vida entera.
Te quiero, te guardo, te espero
y sigo mirándote (aunque no me puedas ver).






2

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com