A veces, olvido abrocharme los zapatos


Las miradas de los niños no asustan. 
Todos son diminutos 
pero grandes en espíritu, 
aunque mastiquen más chicle que yo, 
aunque ahora se crean grandes,  
olvidando lo esencial.  
Hay de colores chocolate, 
con risitos llenos de 
estrellitas tímidas, brillantes.
También habían de color vainilla, 
imitando a Rapunzel 
con una piel de algodón de azúcar. 
Y el sol se esconde 
tras las rayas blancas y rojas del telón, 
dejando a los murmullos 
y  vocecitas curiosas mezclarse  
con la música de un país lejano.


Peter Pan frustrado y lleno de colorete  
vuelve a nacer 
detrás de una nariz roja.  
Estoy en un salón de niños, 
sólo que en distintos tiempos.

["¡Qué alegría, así es la vida! Algo te da cuando te quita ♫♪♫♪  ¡Este atleta me ha sacado la lengüeta! ¡Hoy tus pisadas son tan tuyas! ¡Emparéjate conmigo Yo quisiera ser tu par! Y tú, ¿qué te traes entre suela y suela?"]
p.d. encontré mi calcetín perdido







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