Desde el suelo, desplegando alas.




Esta alfombra voladora
no tiene boleto de ida ni de vuelta,
simplemente se enrosca en los rizos
que tiende el viento
como una trampa para sus piruetas.

Ay alfombra voladora,
quién no quisiera ser tú,
tan sigilosa para cargar en sí,
los secretos infinitos
que descubres en la distancia del mar
y en la rapidez de nuestras voces,
de nuestros sonidos que viajan
y se tatúan sobre tu cuerpo
anhelando tu existencia,
cuando nos sentimos de pies mutilados
y ahogados, en el más profundo
de los agujeros.

Si pudiese con mis sábanas fabricarte,
Peter Pan me odiaría esta noche,
en donde me pienso envuelta
en los paraísos que me has de llevar a descubrir,
si te confecciono laboriosamente,
si me transformo en ti
aunque me caiga de la cama.

Y así, tendida sobre tus cuatro esquinas
de cara al cielo estrellado
que se confunde con la inmensidad de tu regazo,
de tu valeroso rescate,
mi quería alfombra voladora,

YO, V O L A R Í A.

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