Coronada de estrellas





Corre, ataca el papel, 
gritando, pateando
y batiendo lo que tienes dentro
mientras te subes a un árbol,
mientras lees o vuelcas la matemática
irreversible.


Todo al revés: las nubes se arrastran
y el mar se levanta,
mi sombra habla
creando huracanes grisáceos
que revuelcan los cultivos
con todas sus semillas.
Puede que algunas caigan
-adoloridas de vida- en alguna parte
y suban por mí,
apenas baje escalón por escalón
por la escalera hasta la tierra,
llevando mis piernas péndulo
a un vaivén de acción y reacción al pasar.


Es que fuimos como una bolita de papel
con montoncitos de felicidad dentro.
mas nos separamos, y el papel se abrió,
dejando al caos más despeinado que nunca, y
entonces, hasta los tortolitos se traicionaron,
los números exiliaron sus letras y
el mar se quedó siendo mar,
prefiriendo hipnotizar sólo a los más locos.


Las nubes ya no quieren pisar
tierra firme y hay por doquier
tulipanes esqueléticos, moribundos en la acera
con miedo a cruzar la calle
en vez de acompañar a morir, dignamente,
a aquel hombre pequeño que odia las azucenas,
de canas tan finas como su hilo de pescar,
que observa,
de manera fatalista, el mar.


Mi sombra aún no ha caído al fondo,
no la escucho caer al agujero.


Es que está en todas partes:
en las gotas que se vienen y excitan
de tan solo ver la arena que,
desde la orilla de sus silencios
roza de agua y penetra
cada una de sus profundidades.


Es que estoy en todas partes:
perdida en la oscuridad,
en este tráfico lunar
corriendo, atacando, 
gritando y pateando
estos versos libres
pero siempre,


coronada de estrellas.









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