Nubes en frasquitos



La luna tiene demasiada competencia con los faroles

y las tortugas, pierden su destino por más rápido que caminen.
El reloj de arena no falla, sólo desperté
con las luces apagadas y el inconsciente
rescatando algunos recuerdos.

Quiero todo lo que traiga la marea,
no importa cuánto deba correr para huir
de las lobotomías mundanas y sus barbaries.
Que las esquinces no detengan las pasiones
y que a las montañas, se les pueda abrazar

como a los árboles para que, aunque sea ahora
que no me acuerdo ni de mi memoria,
pueda también, verte
a través de una fila de botellas
al borde del abismo.

Soplo un diente de león y escapa una bandada de pájaros que,
de seguro te llevan un sorbito de mis suspiros.
Dejar de respirar es igualito que congelarse, entonces
¿cuánto se puede recorrer siguiendo el eje de un ojo?
¿siguiendo el cosquilleo de una guitarra?

Trago poesía para caer de cuerpo mutilado
dejando al corazón entre las paredes,
y crear una guerra gigantesca
de estatuas heridas pero sin nombre.

Las ventanas serán los ojos
que explotarán en la mañana
de mirar tan fijamente al sol; y las copas,
héroes transpirando de miedo sobre sus bases.

Veo el pincel revolotear dentro del agua
como un pez que se asfixiaría fuera de la pecera.
Vivo y exprimo el pincel que a su vez,
empuja a todas las nubes del día
hasta meterlas en un frasquito de cristal.

Hago al remolino grisáceo retorcerse
como el último de los días;
como estos días en donde me acuesto
a esperar el amanecer con la aurora del trópico,
con la pintura, pero sin ti. 





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