Para eso, basta un Claro de Luna





Puedo revolver mi futuro en tu mirada,
 y sentir en tu piel la implacable coraza
que sostienes desde hace ya, tantos años,
desde que tu piano parpadea melodías
de un futuro que se estrella entre mis manos
y renace en horizontes sin explorar

desde que el fuego grita y entrega con ojos cerrados
el ardor de sus llamas al aire,
y éste remolinea con sus instintos
 los últimos suspiros del primero

desde que los árboles cargan el cosquilleo del aguacero
 entre sus ramas, que se agitan
para hacer sentir el olor a lluvia
en nuestras narices,
y dejar caer, gota a gota,
el néctar refrescante
sobre todas las hojas con zancos.

Sabes que la música vive dentro de los latidos
 de una semillita dormida bajo la tierra, y que
podemos contar los pasos de agua
 mientras las nubes se reúnen
a envidiar nuestros pies.
Podemos ser fango, mas este amor,
la selva que nos esconde de todo mal.

Nuestros besos ya pueden romper
el rompecabezas del mapamundi 
y ponerlo al revés,
para que nada vuelva a ser
como parece que será para siempre.

Mi figura se hace eterna  y responde
como el volcán y sus propias palabras.
El reloj esperó todo el tiempo
 para que nuestro segundo llegara.
Y las ondas del mar siguen siendo la reverberación
de tantos siglos de evolución,
dispuestos y en pie, para ti y para mí,

para tu amor
y mis brazos
 -que funcionan mejor
que un guante de pelota-
para acolchonarte en mi pecho
por si me faltas.

Cuando nuestra piel esté
 lo suficientemente arrugada
 como para llevarla puesta,
 acabaré por desnudar y desplegar
la última capa de ésa, tu coraza casi implacable,
que sostienes desde hace ya,
tantos años,
para amarte mejor.
Para amarte, mejor. 





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