Antes de dormir pienso...









...como una esponja, que absorbe los pasos del tiempo,
son mis pies descalzos que usan ese tiempo
para saber quién lo camina,
soy yo desatando los sueños como caballos salvajes.

El mar entre las uñas y mi sombra
como la partitura de una silueta
 que canta en la oscuridad.

Sintiéndome papel
 entre un torbellino de letras invisibles,
atrapada el ombligo de un frijol.

Nadar en el olor de las rosas
 con las cosquillas en mis labios,
de tanto besarlas.

Las semillas crecen a escondidas
 pero se resignan a la gravedad,
y los segundos se escurren cuando me volteo
pero ignoran que sin mí ellos no son nada.

El océano y su ejército de gotitas
 caben en un vaso de mi imaginación,
que se llena cada vez que lo veo
 y se derrama cuando estoy lejos de él.

Lanzar un gancho al techo
 y pescar una nube para domarla
y usarla como alfombra no estaría demás.

Dejaría a la intemperie mi cabello
por si alguna estrella fugaz -y suicida-
desea estrellarse con mi pensamiento.
Un pensamiento malévolo de jugar a los bolos
 con la luna, luna enormemente rojiza
contra edificios muriendo lentamente de gris.

Mis huellas no sirven como calcomanías en la arena,
pero sí como tatuajes de henna color sepia.

Los párpados son cortinas que estrenan
 la tridimensionalidad de sus interiores
en cada nuevo día. Mis dos manos se aman
aunque actúen por separado.

Ya llega la hora de rezar.
Ven.


0

Otear a la inversa mientras camino


Ojos de reptil, nocturnos y escurridizos. El corazón al pecho del árbol más cercano. Desaparece el cuerpo pero palpitan los últimos instantes del recuerdo en la memoria.
Al revés y hasta de costado el cielo es un piso acolchonado de nubes-algodón y plumas al-azar. Los faroles son cucharas con luz y los automóviles, estrellas fugaces al por mayor; de los anuncios sacamos sacos de fantasmas vacíos.
Las huellas ajetreadas y salteadas con la emoción de un brinco hacen del piso un tembleque de hormigón. Todo lo que hacemos se escucha, aunque no pronunciemos palabra alguna; el viento lo sabe todo, pues no ha cesado de soplar desde que cayó desde el cielo resbaladizo entre bostezo y piruetas, hace ya un mundo entero.
El ruido nos embriaga, pero luego sube y se escapa, como los globos más queridos; sucede como el estornudo, que logra reinventar una fuga creada dentro de la misma realidad. 
El silencio anestesiado, -como la música del aire- no se hiere cuando lo acuchillan con una despedida, ni con las aspas de ventiladores -guardianes de soñadores-, pero sí se enrosca y multiplica en los abrazos que llegan con huellas, y mucho ruido a alimentar la tierra de sinfonías mímicas.

Texto: como siempre, mine!
Foto: mía, de Elaine
0

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com