La muerte es el olvido.

 Marcos Caballero
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Clavé mis dientes en tu espalda
y de ahí nacieron alas.
En una fusión equivocada
hallé la fórmula para vivir
en tu mirada.


Te beso ahora,
y resucitan de un suspiro
los globos desinflados
del ayer.


Mis caderas saben
a cualquier inyección
de caos, y por eso,
tu recuerdo
se mece tanto


como aquél cuadro
milenario en la pared
-de vez en vez-
por mi cabeza.


Mi garganta guarda sinfonías
de gorrión y al levantar
mis brazos,
re-creo un nido de confusión
en un suelo de orquídeas.
Se me olvida volar
-hasta con los ojos cerrados-.


Pero las luces de mi esperanza
guían mis pasos
a la cuna de tus brazos,
como las luces del cementerio
-que nunca cesan ante la oscuridad
o la muerte-.


La brisa al son del mar
abraza la tumba de héroes
perdidos -que como tú y como yo
deambulan en la memoria
de alguna historia.
Gimiendo por un día más
para amarse de verdad.


Cuántos besos han de pasar
por estas murallas
-de tiempos, distancias y personas-
antes de encontrarnos.


Olvídalo.
Me comí de un bostezo
el minuto que te pensaba.
Fueron las dos de otra madrugada
y volví a ser yo. Volví a desplegar
-con ojos abiertos- mi suela del piso.


Hasta tuve hipo y aproveché
para ladrar todo lo que no quise
decirte nunca. Pero caí
desfallecida de oxígeno
y de fuerzas.


Pensé en fusilarte luego,
como el sol
a las gotas de lluvia.
Las constelaciones
se forman del sudor que salpica
de cuerpos y vientos de verano,
sinceros y eternos, ni como tú
ni como yo.


Aún así, puedo recoger tu sed
con mis manos en forma de lluvia.
Si le apuntas al lunar en mi cuello
-pero con un beso-,
podemos hacer las paces
para retomar nuevamente -la vida-
con guerras de pasiones,
y orgullosa ternura de latidos
desmenuzándose ahora mis entrañas.


No envejece el miedo de perderte
si el mundo parpadea, si se marea.
-si cae al abismo- cada vez que me pregunto
¿dónde te encontraré?


Soy un muelle enmohecido por tu amor
agitando mis orillas durante tantas vidas.


Triturar las alas,
despedazar las carnes
-a besos crudos-
y amortiguar el último intento
de huir.


Y si somos fuegos artificiales
vistos desde el cielo, muéstrame
cómo quema el hambre de tus labios
creando oleadas con tu lengua
en mi boca. Aquí, de donde no
podemos partir. Pero


sostén-
la libertad de mi espalda.
Arrójame y sálvame
en la orilla del precipicio.
Enséñame que hay vida
luego de ser la muerte
el olvido tuyo
y mío.










Elairedelaine.





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