Cítrico consumado al nocturno



De noche o de día se puede traducir con lápiz y papel las siluetas de personajes que abandonaron la tragicomedia de sus siglos, para proyectarse ahora en el cielo de forma menos grotesca.

El viento siempre trae alguna respuesta, -alguna respuesta de ésas que nos inventamos- para colocar de nuevo todo en su sitio: el asfalto, los arbustos, las casas y los gatos.

Delataría la frescura de los naranjos. Alertaría tus sentidos con mis labios sabor a naranja y brisa tropical, esperando consumir la desesperación de tu lengua. 

Me haría un ramo de flores desprendiendo cada farol de la ciudad, dejando a todos a oscuras, con ningún otro rastro que el olor a cítrico y algún anhelo a libertad; desdibujando siluetas y desordenándolo todo al azar, tal cual nos encontramos, quizá hace muchos siglos rescatando todo el sudor de las macizas paredes fortificadas, llenas de pasiones sin resolver.

Naufraguemos a la vez, con la vista puesta en el horizonte, para esperar y ver que como las olas, aquellas mismas pasiones, se vuelven a repetir.  



Elaine. 



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