Hoy.


Descubrí al corazón con olor a tierra mojada 
lo arrojé -con el sudor a pena-
dentro del pecho mismo que, 
sofocado,
no dejaba de latir sobre el césped,
lejos de ti.

Ni el éxodo de arañitas y lagartos 
pudo detener mis manos equivocadas
y ruidosas que,
a pasos de destrucción y ventoleras
tropezaba con hogares de cienpiés,
sufriendo la tetra-amelia
de mi corazón alborotado,
muy lejos de mí.




Elaine. 

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