Bosque Estatal de Cambalache

Ubicado al norte de Puerto Rico entre los municipios de Barceloneta y Arecibo es uno de los primeros bosques en aceptar los ‘Montain Bikers’ en sus trillos. http://www.vocero.com/bosque-estatal-de-cambalache/


El Bosque Estatal Cambalache, localizado en la región del Karso Norteño entre los Municipios de Barceloneta y Arecibo tiene mucho que ofrecer a los amantes de la naturaleza. El bosque, como reserva natural estatal, cuenta con 1,600 cuerdas y una amplia vegetación que enardece a cualquiera. La flora, fauna, cuevas y cavernas, sumideros y cerros calizos de laderas empinadas (mogotes), al igual que la abundante agua subterránea que alimenta los ríos, lagunas y humedales dotan al Bosque Cambalache de un inmenso e importante valor ecológico.

Los mogotes funcionan como “islotes refugio” para gran variedad de plantas y animales que, en algunos casos, no existen en ningún otro lugar del mundo; por ende, la protección del ecosistema cárstico es esencial. La entrada al bosque así como el estacionamiento es gratis; ver especies endémicas como la palma real (Roystonea borinqueña), la maga (Thespesia grandiflora) y la palma de lluvia (Gaussia attenuata) recuerda es en un lugar valioso y especial que se debe atesorar. Entre las decenas de especies de aves, mariposas, reptiles y anfibios encontré al: San Pedrito, al Carpintero, Pájaro bobo mayor, Come ñame, Zumbador verde y Bien-te-veo, todas especies endémicas de Puerto Rico, guiándome con sus cantos y husmeándome tras las hojas verdes.

Este bosque fresco y dinámico es idóneo para disfrutar en familia. Además de sus atractivos naturales cuenta con: áreas recreativas y de acampar, gazebos, barbacoas, siete kilómetros de veredas para caminar, merenderos, baños, una vereda para personas con impedimentos, y el Vivero Forestal Cambalache, ideal para comprar variedad de árboles ornamentales. El Bosque Cambalache también es propicio para el ciclismo de montaña, ya que facilita dos veredas para correr bicicletas a campo traviesa (“mountain bikes”).

Las ramas atrevidas y arriesgadas danzaban a mi alrededor como si negaran la fama que acontece a las flores. Sin embargo, conforman lo más asombroso del lugar. Crean nudos de alegría en la garganta al verlas colgadas, entrelazadas, erguidas y sumergidas al derredor, en un tiempo casi infinito. El terreno teñido de barro rojo y tierra negra tiene en su mayoría caminos anchos, mas existen vías estrechas y sencillas. Las secciones de rocas varían desde pequeños obstáculos hasta jardines de rocas no muy grandes pero sí más técnicos y retantes.

Este bosque se distingue por tener rutas bastante rápidas y frescas, ya que se encuentran bajo sombra. Con un mapa de los trillos se puede aprovechar mejor el bosque para correr bicicleta. La bajada principal de la ruta resultó fantástica para practicar el deporte de “Downhill” y así acostumbrarnos a la velocidad del terreno tan variable como emocionante. Para este deporte tan de moda en nuestros días, donde la adrenalina sofoca corazones y embiste a los pies de una fuerza descomunal, y a veces desconocida, cabe mencionar riesgos como las rocas coralinas filosas, las personas caminando, la ganancia en altitud y la gran velocidad a la que se expone el atleta o aficionado. La ruta principal, con una distancia promedio de 9 kilómetros se reparte en secciones hacia otros caminos que se vuelven a conectar.

Al estar ubicado la zona de vida Bosque Húmedo Subtropical, el Bosque Cambalache permite mantener un alto nivel de humedad, por lo que es recomendable llevar agua para evitar la deshidratación, protector solar, repelente para mosquitos y ropa fresca. Nuestra aventura por el bosque culmina en los Outlets de Barceloneta, yendo en familia a los cines y con la barriga llena, con sonrisas características de un día espectacular.

Cómo llegar al Bosque Cambalache:

Llegar hasta las cercanías de Arecibo utilizando el Expreso #22. Tomar la salida 63 hacia los barrios Garrochales y Factor (carr. 683). Seguir la carretera 683 hacia la derecha (norte), hasta encontrar la Carr. 682. Doblar a la derecha hasta el Km 6.6. donde está la entrada del bosque frente a los “Job Corps”.
Vivero de Cambalache: lunes a viernes de 7:00 a.m. – 3:30 p.m. Tel.: 787-881-1866
Para permisos de acampar, pasadías o correr bicicleta contacte al 787-724-3724 ó al 787-881-1004.
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La Iglesia San José, nuestro irremplazable tesoro en peligro

Es la iglesia más antigua de Puerto Rico y la segunda más antigua de las Américas. Con más de 475 años de historia hoy encabeza la lista de los 11 sitios históricos con mayor peligro de desaparecer, según el Fondo Nacional para la Conservación Histórica.

 http://www.vocero.com/opinion/la-iglesia-san-jose-nuestro-irremplazable-tesoro-en-peligro/



La Iglesia de San José, aledaña al Tótem y a la Liga de Arte del Viejo San Juan ha sido el legado cultural y religioso de nuestro pueblo por más de 17 generaciones. Sumida en silencio desde hace tanto tiempo ahora despierta lentamente de su letargo. Fundada por frailes dominicos y construida entre 1532 y 1735 es uno de los pocos ejemplos de la arquitectura gótica española del siglo 16 que ha sobrevivido en nuestro hemisferio occidental. La misma presenta cuatro siglos de diseño arquitectónico y mampostería tradicional.

El conquistador y gobernador Juan Ponce de León, en aquél entonces, donó el terreno donde reposa de nostalgia esta joya de incalculable valor histórico que, hoy es agregada a la lista de 2013 de los once sitios históricos de Estados Unidos con mayor peligro de desaparecer. Como ahogada en una grieta del olvido enfrenta un daño irreparable o peor aún, la desgracia que sería su destrucción si no atendemos sus señales de alarma.

Esta antigua iglesia creció en diferentes épocas, con distintos materiales y técnicas de construcción. Actualmente se desconoce el autor del monumento, sin embargo se le adjudica a Rodrigo Gil Rozillo, artífice de la primera iglesia conventual de Santo Domingo, la primera en América. La Iglesia San José, antes llamada Santo Tomás de Aquino fue el primer convento de la ciudad de San Juan y hereda la tradición de los dominicos, los jesuitas y los paúles. Desde sus inicios la iglesia estuvo asociada al quehacer evangelizador de la cultura y la formación intelectual y espiritual. Fue también lugar privilegiado de bodas y conciertos.

Tan misteriosa y antigua es esta iglesia que en sus entrañas guarda todavía criptas, como impresionantes crónicas de vida. Durante los siglos 15 y 17 era frecuente el enterramiento en iglesias catedrales, parroquiales y conventuales. Esta tradición de capillas de entierro, dentro y fuera de los predios de la iglesia, era frecuente para las familias de capital, quienes por lo general sustentaban la obra en crecimiento. Inclusive José Campeche, el gran pintor puertorriqueño pintó y fue enterrado allí. La Iglesia San José, como panteón de algunos posee criptas tales como: Nuestra Señora del Rosario, Cripta de la Capilla Mayor, de la Capilla de Nuestra Señora de la Candelaria, Cripta de Nuestra Señora de Belén y Cripta de Santa Rosa de Lima.

Aún fatigada de historias y a pesar de las vicisitudes climatológicas, la intervención humana y la falta de conservación, nuestro patrimonio sigue en pie de lucha. El deterioro y los daños estructurales han mantenido a la Iglesia San José cerrada al público por 13 largos años que ciertamente, ha dejado cicatrices profundas arraigadas en su memoria. Los problemas de filtración y humedad durante esta clausura ha contribuido al notable desgaste de la estructura. Las múltiples expansiones y reparaciones hacen de su conservación una verdadera misión. La restauración de los edificios evita el enorme impacto que sería demoler o construir uno nuevo; implica mucho más que un mantenimiento anual.

“Nos encontramos ante la búsqueda del material y de las técnicas originales bajo las leyes de recuperar y no de reinterpretar”, señala la arquitecta Diana Luna Serbia, actualmente encargada de la restauración de la Iglesia, quien también muestra el hermoso y recién acabado trabajo de la linterna y cúpula de la Capilla del Rosario, que parece volver a su esplendor original. La Arq. Serbia recalca la importancia de la protección de este patrimonio que como pueblo debemos salvaguardar y preservar como un preciado legado.

Desde el 2000, la Arquidiócesis de San Juan se propone rescatar la Iglesia San José; desde entonces ha sido estudiada sistemáticamente para determinar su condición y correcta solución. Dada la compleja evolución del edificio y su poca o imprecisa documentación resulta ardua la labor de conservación.  El Patronato de Monumentos de San Juan, entidad sin fines de lucro se encarga de los trabajos de restauración de dicho templo, que incluye el uso de materiales y técnicas originales, por lo que promete ser una auténtica restauración.

Para apoyar la preservación de éste y de otros lugares históricos puede contactar al Patronato de Monumentos de San Juan al 787-918-3800 ó al 787-727-7373; visitar www.PreservationNation.org/places. También puede escribir a: Proyecto de Restauración y Conservación Iglesia San José PO Box 9021967 San Juan, P.R. 00902-1967.



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Nos fuimos de Zoo

El Zoológico de Puerto Rico Doctor Juan A. Rivero, en Mayagüez es uno de los zoológicos más completos y modernos del Caribe y Centroamérica. Un lugar para llenarse de colores, rugidos y formas, pero sobre todo, para aprender y disfrutar en familia.
http://www.vocero.com/nos-fuimos-de-zoo/


Visitar un zoológico por primera vez es sin duda una de las experiencias más inolvidables para un niño. Puedes recordar el tamaño de tus manos en ese entonces, comparadas con las patas del tigre, la impresionante altura de las jirafas, las ocurrencias del mono, o la corpulencia de los rinocerontes. Las trompas y ‘orejotas’ de los elefantes, la melena del león, la intensidad de la vida salvaje y todo: extremadamente alucinante frente a tus ojos.

Como si fuese un viaje para re-encontrarnos, -de instinto a instinto con criaturas fascinantes-, partimos al Zoológico de Mayagüez, también conocido como el ZOORICO. Bien vale la pena el viaje de dos horas desde San Juan; ya en la carretera PR-108 en el Barrio Miradero en Mayagüez, ansiábamos bajarnos del auto y experimentar ese cosquilleo de emoción que recordábamos desde nuestra infancia.

El Zoológico de Mayagüez, único en Puerto Rico, ofrece una amplia diversidad de ecosistemas y acoge sobre 600 especies de mamíferos, pájaros, anfibios y artrópodos. Es uno de los zoológicos más completos y modernos del Caribe y Centroamérica.

Para esta temporada veraniega es un magnífico destino a descubrir. A un precio razonable y acompañados de un mapa pudimos disfrutar exhibiciones de múltiples especies de mamíferos, aves, anfibios y reptiles que se dividen de acuerdo a su lugar de procedencia: África, Caribe y Sur América. Una vez dentro, nos sobrecoge la sensación de estar en una jungla o en un jardín tropical. Merodeamos con todos los sentidos estimulados aquél impresionante lugar.

Con las excursiones interpretativas grabadas –en español e inglés-, no teníamos nada que envidiarle a la tecnología de otros parques temáticos fuera de Puerto Rico. Escuchamos atentos la información completa y altamente didáctica durante el recorrido de las 26 estaciones del zoológico. En la espectacular exhibición no se quedan atrás los cocodrilos, cebras, águilas, camellos, pumas, jaguares, y un sinnúmero de exóticos animales que despiertan el asombro de cualquiera.

El Zoológico Dr. Juan A. Rivero, recientemente renovado y administrado por la Compañía de Parques Nacionales muestra como mayor atractivo a grandes mamíferos como los hipopótamos, rinocerontes, tigres y demás animales que no son de nuestra Isla. Mundi el elefante, caminando como en su propia casa, robó nuestra atención con total naturalidad.

Saludamos a los monos, que parecían entendernos más a nosotros que nosotros a ellos. Preferimos ver de lejos a las serpientes de hipnotizante textura y color. Las aves exóticas volaban a su antojo por el aviario, tan cómodamente como nosotros caminaríamos descalzos por nuestro patio. “¿Y si ellos son tan libres allí, como nosotros, en nuestro propio hogar?”, nos preguntamos.

El hipopótamo Popi con su compañera Cindy se juraban los más felices. Nadando y jugando en su amplio y basto espacio se ganaban la simpatía del público. También gozamos de un aviario, un mariposario y sí, ¡hasta de un museo de insectos! Los pavos reales caminando libremente a nuestro lado parecían guiarnos con su magistral esencia.

El zoológico incluye un hospital de rescate de mamíferos marinos, como los manatíes, que pueden recuperarse mediante alimentación adecuada y tratamiento médico antes de alistarse para regresar a su ecosistema natural. A su vez, el zoo tiene un Programa de Adopción de Animales, en el cual las personas aportan económicamente al cuidado de éstos. El Zoológico de Mayagüez es un valioso lugar para aprender sobre la vida y costumbres de animales salvajes, muchos de ellos en peligro de extinción.

Es muy recomendable llevar ropa ligera y calzado deportivo ya que el calor puede intensificarse mientras se camina por senderos y colinas. Afortunadamente encontramos estaciones de refrigerios y comidas ligeras tales como “Sabanah Tropical”, “The Wild Spot Café”, entre otros, que fueron nuestros oasis en el camino. El “Zoo Fun Strolls” dispone para alquiler coloridos cochecitos de bebé e infantes, así como sillas de rueda para adultos. Antes de irnos pasamos por la tiendita “Gift Shop” para llevarnos un recuerdo que sin duda teníamos aún latente en nuestra sonrisa.

El Zoológico de Puerto Rico, Dr. Juan A. Rivero opera de martes a domingo (y días feriados –exceptuando el Día de Padres) de 8:30 AM a 4:00 PM. El costo de la entrada al parque es: gratis para menores de 4 años; para niños de 5 a 11 años, $8; de 12 años en adelante, $13. Para seniors de 60 años en adelante, $6.50. Para más información favor de comunicarse al 787-834-8110 ó al 787-832-6330.

Cómo llegar al Zoológico de Mayagüez:

Siga la carretera #2 hasta la entrada de la Ciudad de Mayagüez y el Colegio, pase la Cervecería India y la segunda entrada de la Universidad. Luego, en el semáforo ubicado en la intersección del Parque de los Próceres y el Palacio de Los Deportes (Coliseo Municipal) haga una izquierda. Dos minutos adelante haga una derecha en la primera entrada y siga directo hasta la entrada del zoológico. Carretera PR-108 (interior) Barrio Miradero, Mayagüez, P.R.







Elaine Tornés Blanco
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Fiasco


Sus dos lunas se cruzaron entre sí
y su corazón eclipsó 
en un continente desconocido.

El calor la tuvo entre sus brazos
y arrastró sus muslos por la tierra
taladrando en su cabeza una misma ilusión.

Inflada de amor en un sueño vacío
agotó sus ideas en la mirada del otro,
mientras gota a gota moría 
un beso imposible en su garganta.

[La mente tiñe pesadillas 
en forma de amores lejanos.
En forma de lobos disfrazados
y a la misma vez, cercanos]

El peligro y ella
hablaron el mismo idioma
sin mover los labios.

Penetrando corazones falsos
se amaron sin tocarse
toda la noche.

Bastó con extrañarse 
y despertar del fiasco
con el sol 
en los ojos, atolondrados 
de miedo
pero no de olvido. 



Elaine T.









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La Tregua, Mario Benedetti


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¡Vámonos pa' La Marquesa!

Anímate a disfrutar del Parque Forestal La Marquesa, un lugar muy especial en Guaynabo, Puerto Rico. ¿Quién iba a imaginar que en un solo lugar encontraríamos tantas maravillas a la vez? Si te gustaría subirte a un teleférico, deslizarte por los ‘zip lines’, disfrutar de un aviario y un mariposario: este parque es para ti. -> http://www.vocero.com/vamonos-pa-la-marquesa/



Subimos la aventura a nuestras espaldas y bajo el cielo azul celeste toda la familia se montó en sus respectivos carros. Llenos de cuentos y anécdotas, con ese calorcito y gusto especial de estar en familia nos fuimos rumbo a La Marquesa.

Si buscas disfrutar con los tuyos en contacto directo con la naturaleza, este es el lugar perfecto para recrearse pasivamente, mientras aprendes sobre las reservas ecológicas, la flora y la fauna. El parque ecológico La Marquesa, dentro de un bosque de 600 cuerdas de terreno, se encuentra en el Municipio de Guaynabo. Ofrece hermosos paseos y veredas a través del bosque húmedo, y cuenta con un buen sistema de transportación que mediante ‘trolleys’ recorre todo el parque.

Este rinconcito de verdor y frescura no es un parque cualquiera. Es un mundo que penetrará en tus ojos para quedarse por siempre en tu memoria. Te hará sonreír, hasta dejarte felizmente colgado de un suspiro.
Llegamos en un ‘trolley’ en forma de tren a la entrada del parque, en donde encontramos un centro de información, baños limpios y modernos, máquinas de dulces y una majestuosa fuente en el centro. Preferimos caminar en vez de tomar el ‘trolley’ gratuito, lo cual nos permitió gozar de los dinosaurios mecánicos que encontraríamos más adelante, instalados en algunos caminos.

En el recorrido caminamos por veredas con glorietas, desde donde divisábamos a lo lejos pájaros como el Guaraguao, Reinitas Mariposeras, el Zorzal de Patas Coloradas y muchas otras especies más. Vimos una cascada artificial y varios merenderos cómodos para idear cualquier picnic. Alrededor de una torre de observación, a 70 pies de altura, encontramos lugares para actividades o cumpleaños, con vista a las montañas y al área metropolitana.

Nos trasladamos en el teleférico y a 1,300 pies de altura teníamos un tumulto de cosquillas en la barriga. Ascendíamos y durante el trayecto de aproximadamente 10 minutos, la adrenalina hizo juego con el asombro, permitiéndonos apreciar el increíble panorama. Hay un total de 18 cabinas, cada una de ellas con capacidad para seis personas y con acceso para personas en sillas de ruedas también. Los amplios ventanales dejan entrar la brisa fresca y en cada segundo sobre la tierra nos enamorábamos más de aquél paisaje.
Inmediatamente llegamos a las instalaciones donde se ubica el aviario y el mariposario. Allí encontramos una cafetería, baños, una tienda de regalos y espacios para exposiciones o reuniones. Centenas de aves coloridas de Centro y Suramérica nos dieron la bienvenida en su lenguaje peculiar.

Nos encontramos con guacamayos, cacatúas, cotorras amazonas, también algunos pavos reales, tucanes y faisanes. Estos ejemplares con sus colores a cuestas danzaban por el aire o reposaban en ramas al alcance de nuestra vista. Por la diapositiva impartida en una sala antes de entrar al aviario, supimos que Puerto Rico tiene una (1) de las 25 parejas que existen en el mundo entero de la especie de cacatúa enlutada (Probosciger aterrimus), de color oscuro y mejillas rojas. También nos explicaron el proceso de reproducción de las mariposas, que una vez hayan completado las fases de desarrollo se trasladan al mariposario.

El mariposario tiene 1,500 mariposas y simula un paraíso en miniatura. Pudimos contemplar las frágiles y maravillosas mariposas, en su mayoría monarcas, revolotear mágicamente por el lugar. Luego pasamos al aviario, tan exquisito en su tamaño y arquitectura que resultó idóneo para retratarse libre y bastante cerca de las aves.

Satisfechos de haber salido en busca de este fantástico y relajante lugar utilizamos el ‘trolley’ de regreso. Las excursiones guiadas a este lugar que, mantiene y conserva la flora y fauna del área, junto a las excelentes facilidades hacen de La Marquesa un destino ideal para tomarse el día entero compartiendo en familia. El atractivo diseño de sus instalaciones, la tecnología aplicada y las áreas de exhibiciones fascinan tanto a profesores como a estudiantes, quienes lo utilizan como centro educativo, ya que aporta en áreas de la biología, el manejo de recursos naturales, la ingeniería y la gerencia de la conservación ambiental.

La entrada tiene un costo de $6 por adulto y $3 por niños (menores de 12 años). Su horario es de martes a domingo de 9:00 a.m. a 5:00 p.m. La Marquesa se encuentra al final del expreso municipal 834 en Guaynabo. Puede hacer reservaciones para actividades o adquirir más información llamando al 787.272.4530 o al 787.908.1478. ¡Buen viaje!



Elaine Tornés
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que el Universo






Ruedan tus ansias 
por mi cintura fina.
Tus manos rizan 
aún más mis cabellos, 
               salvajes y oscuros.

Tus ojos penetran 
deseos asesinos
                en el verdor de los míos.
Como cualquier torero
apasionado por el rojo 
(que traigo dentro)

Te necesito pa' vivir

Para rugir el último grito 
                  de mi alma mojada
dentro de la tuya.

Para sentir los tambores
sofocados de nervios y sudorosos
                      (como tu piel en la mía)
                    tambalearme los sentidos,
tan imposibles de imitar,
                  tan míos y tan nuestros.

Tú amor y el mío: más importante que el Universo. 






elairedelaine
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Gotitas de aceite

A mi amado, Josue Rodríguez Cruz, de su novia, Elaine Tornés Blanco



Tú y yo somos
como dos gotitas de aceite
en un inmenso mar de aire.

Fusionados en una sola chispa
damos calor al mundo.

Tú y yo,
somos como dos gotitas de aceite,
depositadas
(peligrosamente)
en un inmenso mar de agua.

Aún de noche,
y en plena oscuridad,
podemos explotar de amor
como fuegos artificiales,
a punto de desmayar
a punto de enamorar emociones.

Tú y yo somos
como dos gotitas de aceite,
hirviendo miles de sueños.

Cocinando suave.
Nos consumimos en
nuestro propio amor.






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Cascada Gozalandia: la escapada perfecta que espera por ti



Respira. Cierra los ojos. Atrévete a caer de brazos abiertos al agua. Permítete fluir en la Cascada Gozalandia, que ubica en el pueblo del Pepino. Si quieres sacudirte de la monotonía y sonreírle alegremente al verano, debes experimentar la cascada Gozalandia, que no es en vano que lleva ese nombre.

La cascada Gozalandia es una de las sorpresas que aflora por las venas del río Guatemala. Salimos temprano desde San Juan, en dirección a San Sebastián. Con ropa cómoda, traje de baño, zapatos cerrados y agua, pues no teníamos tiempo que perder. Tomamos la autopista, pero cuando el hambre apretó nos detuvimos en la cafetería “El buen café” (entre Arecibo y Hatillo). Allí disfrutamos de un suculento desayuno criollo que, sin duda recargaría la energía que necesitaríamos más adelante. Pasamos por Camuy, conectándonos así con la carretera #119 hacia el sur.

Bajamos los cristales y la primera bocanada de aire fresco nos robó el aliento. En el carro, los colores intactos de alrededor formaban una fiesta de aromas y paisajes. El viento nos despeinaba y sacudía de pronto todos los papeles fuera de su lugar. Éramos cómplices de la brillante luz del día, que caía suave y caliente sobre nuestra piel. Los árboles conspiran entre sí para formar hermosos túneles verdes, frescos y taladrados por rayitos de luces.
Analizamos el mapa, sin embargo, debimos bajarnos en algunas gasolineras para corrobar la dirección. Nos estacionamos y luego caminamos. Disfrutando de ese trocito de selva recorrimos los recovecos necesarios por aproximadamente 15 minutos. A causa del lodo espeso y de la tierra húmeda resbalamos varias veces, todos muertos de la risa. El camino, retante y húmedo nos acercaba cada vez más a la cascada.

Al escuchar de lejos el sonido alucinante del agua nos apresuramos más, pues no podíamos aguantar tanta emoción. Una vez ahí desafiamos las pierdas resbaladizas, tan hermosas como milenarias y seguimos andando. El sonido cada vez más fuerte de la cascada Gozalandia nos anunciaba, magistralmente, que habíamos llegado. Nos habíamos olvidado hace rato del ajetreo diario. Tan solo aquél trayecto era justamente lo que necesitábamos para despertar todos nuestros sentidos.

Diseñada como para ser descubierta, Gozalandia desnudaba todos sus encantos frente a nuestros ojos. La cascada cayendo como velo de novia sobre la piscina natural nos dejó las piernas temblorosas y el corazón palpitando. No es casualidad que éste haya sido uno de los escenarios de la película “A Perfect Gateway” o “Escapada perfecta” en el año 2009.
No perdimos ni un minuto más ante esa belleza irresistible, que nos hipnotizaba, haciéndonos pensar que estábamos en otro país. Saltamos desde unas piedras hacia las aguas refrescantes y turquesas de aquella piscina, inmaculada y separada por instantes del tiempo.

Gozando de aquél chapuzón nadamos hacia el lado derecho de la cascada, hasta encontrar una pequeña cueva submarina, perfecta para susurrar cualquier secreto mojado. Varios jóvenes, bastante atrevidos brincaban desde las alturas hacia el agua, como si cada vez que lograban salir a flote enloquecieran más de vida y de fuerzas.

El trinar de los pájaros enmudecía nuestras palabras. Los pies descalzos danzaban en la ligera corriente del agua, elevándonos a un inigualable estado de armonía. Preferimos hacer el recorrido hacia las aguas profundas lanzándonos desde unas lianas, ubicadas a la izquiera de la cascada. Los más pequeños miraban peces en la orilla, otros reposaban o conversaban tranquilamente sobre las piedras.

Salimos del charco por un rato a descansar el cuerpo, mientras, observábamos atontados y maravillados cada alucinante detalle de tan mágico lugar. Los ojos enjugados de felicidad, la mirada libre y el cuerpo sereno nos conectaba a todos -de una forma u otra- con la naturaleza. El agua refrescante y cristalina nos empapó el alma y terminamos por enamorarnos de este bendito lugar.

Continuamos explorando y seguimos un sendero paralelo al río que nos llevó a otra cascada, de menor tamaño pero igualmente espectacular. Esto es apenas el comienzo. ¿Cuál será el pueblo que visitaremos en nuestro próximo viaje de turismo interno por la Isla?



© Elaine Tornés Blanco
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