Mañana no será igual

-a Matías Michea Rodríguez

Mi ventana es una cuadrícula con cortina
De un solo ojo que es la luna.
Al tiempo pasado no le faltó ni uno solo de éstos. 
Pero es difícil pensar que tú ya no la verás más; ni delante ni a través de la cortina. 

La luna sigue sola como cada cual por su cielo. Como tú, con 19 años eternamente.

Yace mi recuerdo cuando la miro, de nuestra infancia entrelazada y volátil. 
Las vueltas a la rotonda -con o sin bicicletas-,  las guerras de bombas de agua y los calcetines de Navidad llenos de caramelos, que me regalaste en el 2000, todavía los tengo aunque sin caramelos, y todavía todo lo recrea mi memoria de niña extranjera, en aquél lejano y frío país.

Te recordaré abrazado a mis rodillas y a mí, huyendo a veces de tu insistencia al querer siempre jugar más.  
Tu vida, cual pausa injusta me conmueve grandemente. Tanto, que si juntásemos nuestros ojos, el azul de ambos se perdería en un mar salado para siempre. 

Esta que escribe, una vecina olvidada y agradecida de tu presencia, reza a Dios esta noche, porque recibas de Él su abrazo más infinito. 

Mañana es otra dosis que seguirá cambiando el mundo. 


[¿Por qué los ladrones se empeñan en robar vidas irremplazables, en vez de tan sólo apropiarse de celulares inútiles?]

 
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