Material sin publicar



Me caí por culpa de la poesía enrredada 
entre mis zapatos.
La miré asombrada de que todavía
estuviese ahí, esperándome.

Su mirada dulzona me dejó un segundo tendida sobre la mar, 
quemándome las pestañas
por los sueños pausados
que olvidé rebobinar.

Bastó un momento para recapacitar
sobre su condición de pez muerto,
cual materia podrida dejó de flotar.
La poesía estaba desbaratada de arriba a abajo, afligida,
tan destrenzada, herida y cruda de esperar
que respiré profundo para no llorar.

Desmarañada y sin trucos nuevos
para embelesarme, la dejé morir
con el corazón en la boca.

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     Quién la mandó a escapar del ejercicio inmortal
de enamorarse de nuevo de la vida.

Seguí trotando y más lejos me abalacé
sobre mi poeta: de palabras simples 
y de horizontes claros para mí. 







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