Sentimiento sombrío

Las sombras son sueños escondidos, 
heridos y a menudo lejanos.
Son víctimas de nuestros antojos,
viven a nuestras espaldas pero no en nuestro pasado.

Taciturnas y sin armas
están las sombras hechas
bajo el mismo principio que nosotros:
no saben porqué están aquí,
allá o en tu costado.
No saben lo que quieren y
tampoco cuándo marcharse.
Las sombras proyectan tus secretos
a un mundo bidimensional,
donde en vez de exisitir un tú y un yo,
existe la nada,
apaciguada de oscuridad. 

Libertad le damos cuando nos
sumergimos en el abrazo de otro ser.
Es la sombra testigo, fugitiva y presa
del devenir fotográfico del amor,
de nuestras guerras sin final.
Se llevan en silencio perpetuo
el polvo de aquello que pisamos.

La intemperie marca su destino
lastimoso y transitorio.
Sin gesto o muecas, sin decir nada
las sombras acompañan
al prófugo, al santo y al vulgar.

Existen bajo la condición de un yo mutilado,
cuando caminan a nuestro lado,
cuando se extienden en extremos
irreconocibles por donde pasamos.

La sombra es un pasajero constante
en la escala de grises, que duerme
bajo tus carnes y camina sujetado a mis talones.



La sombra no olvida;
se traga hasta el mínimo instante
en que dejamos de ser,
para aparecer resuelta en
el contorno de nuestro descanso.

 La sombra no eres tú, sino yo cuando me miro en ti.



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