Papá Noel en septiembre

Se prepararon como si fuese Navidad.
Las aves abandonaron sus nidos.
Las abejas exploraron otro lugar.
Faltaron sonrisas, alegría y lazos por adornar.

Abarrotaron las góndolas.
El metal grisáceo brilló mudo en el espacio.
Luce como el horizonte azul para quien navega con miedo pero necesita más.

El color de moda era el agua para llevar.
Solo la luz inalcanzable, artificial
a cincuenta pies de altura sabe lo que habría de pasar.

Una niña mira de arriba
a abajo y de esquina a esquina lo que queda del cereal y le pregunta a su padre "-¿A dónde fue toda la comida a parar? Es solo Irma, Papá Noel tardará en llegar".


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La misma canción

La vida es una cajita musical
que toca la misma canción
cuando estás y cuando te vas.

Las nubes pelirrojas que bailan
a contrasol cambian su forma
según esa misma canción que

a unos calienta, a otros aburre

y mí fascina.

Sigo mirando todo de verde:
Igual que cuando te conocí,
y con el mismo

 que te dejo ir.

Sigo pensando que todo esto gira a su alrededor (no al nuestro)

pero en distintos acordes de felicidad.


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Sabor latino


             

Nunca me llevó a comer
arepas, tortillas o tamales
Esperando el momento perfecto
se acabó el pico de gallo.
No pude contar con el chili y al voltearme no quedó sofrito alguno.
En vez de tres leches, fueron tres horas esperando por la llamada para compartir el arroz blanco, con ropa vieja y yuca. Pero nunca llegó.

Aguantar el hambre,
no solo de pan vive el hombre.
Sin los tostones se puede vivir. Pero no sin el sazón universal que es el amor.

Aunque le dije, no me trajo ceviche.
Ni pregunté por las empanadas.
El asado llena mi mente de aromas y risas. Pero me olvida. Así como olvida la bandeja paisa, el chorizo y el milhojas.

Tal vez me diga que se le hizo tarde en Brazil, que no me vio cuando pasó por Cuba, Puerto Rico o Haití. Que como la música me fui de su lado, pero no de su corazón.

Si en El Salvador me alimentó con su voz, y en Guatemala me dio un abrazo.
Si desde Chile pensó en mí y en Bolivia me buscó.
Si en Honduras me escribió y en México me sonrió.
Me basta con su alegría en Argentina para llegar feliz hasta Colombia.
Si en Venezuela hubiera sabido, que desde Ecuador sería todo tan especial, le dejaría una nota diciendo:
mañana viajo de Perú a Uruguay; y para cenar, dame
tu Amor Latino,
que con eso bastará.



(imagen: SaborLatino61)
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